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IBCE, trabajando por una Bolivia digna, productiva, exportadora y soberana



Multifuncionalidad y tecnología obligan a redefinir el mundo laboral

  Publicado el: 14 de enero de 2020

Reinvención y cambios de rol. Flexibilidad. Aparición de nuevas posiciones. Recortes de planilla. Eficiencia, productividad y perfiles multifunción. En las empresas cruceñas estos son conceptos que se extienden y generan emociones entre los colaboradores.

La figura se hizo presente al instalar escáneres en controles aduaneros en el aeropuerto Viru Viru, según uno de los funcionarios. Quedaron menos personas, las capacitaron para hacer el trabajo más ágil, según uno de los operarios. Lo mismo ocurrió al disponer de espacios para el auto check-in.

En una reconocida industria de alimentos de sello internacional, la tecnología ya estaba dada. Pero los tiempos de ‘vacas flacas’ obligaron a repensar las estrategias y llegó la decisión de despedir a los funcionarios ‘más caros’. Sus tareas fueron repartidas entre los que se quedaron en la empresa.

Bolivia tiene la peor productividad de la región y paga el quinto salario mínimo más alto (Bs 2.122) en la región, según la Cámara Nacional de Industrias. La mano de obra es cara. Y la aparición de nuevas tecnologías pone en peligro posiciones y labores de transacción. El ‘futuro’ también se percibe en el trabajo y un grupos de especialistas consultados por Dinero que se refirieron a los retos que se perfilan para el país.

Circunstancias

El investigador de mercados Roberto Pérez explica que hay factores que explican la realidad en Bolivia (y que también se percibe en economías vecinas). El primero es la sustitución tecnológica. No hay sector en el que no se valore para ser más competitivo y generar nuevas estrategias que ponen en ‘peligro’ algunas posiciones.

A esto se suma la rigidez laboral (normas, leyes, aumento del salario mínimo o ‘persecución tributaria’) hace que los capitalistas tengan un dilema para contratar o mantener a las personas. “Se piensa que es mejor no tener mucho tiempo a alguien en la planilla porque así es más barato”, explica el ejecutivo.

Además, los tiempos de crecimiento y bonanza donde los negocios crecían y demandaban más personal no están presentes, la ‘obesidad’ de los tiempos fáciles no está. Con esto despierta la conciencia por el valor del empleado; es decir, la empresas apuntan a saber cuánto va a repercutir un colaborador en la operación y qué labores llevará adelante para que los planes funcionen, según Pérez.

¿Y quiénes son los más vulnerables en este escenario? El director comercial de London Consultig Group, Alexandre Massart, advierte que hay una tendencia por recortar la planilla a costa de trabajadores con experiencia.

“Las organizaciones toman la decisión de deshacerse de estas personas porque implica capacitarlas y más si están prontas a jubilarse, sumando tiempos de adaptación y resistencia, por un tema de costos. No se puede recargar a otros (con el trabajo de la persona que se va) si previamente no se alivia la carga laboral de lo que no aporta valor. No se puede esperar que los procesos sean los mismos y a corto o mediano plazo habrá problemas en los servicios o la calidad”, expone Massart.

El ejecutivo considera que la digitalización llevó a una revolución de los mercados (no hay piedra que no haya sido removida por la tecnología) y esto afectará a la posiciones laborales que no generan valor. En este sentido, contempla que ésta es una oportunidad para reconfigurar y atender áreas y necesidades emergentes enfocadas en el cliente.

En esta línea, María García, CEO de Smart Culture, reflexiona que se debe entrenar a las personas en el tema emocional. “Tener miedo es normal, es la primera emoción que llega cuando se presenta algo nuevo o que no se entiende. Lo que una compañía provoca en sus clientes también lleva a que las posiciones cambien y se debe trabajar en esa conciencia sistémica”, afirma.

Asimismo, la ejecutiva expone que las empresas ya no buscan solo a personas con conocimientos teóricos, sino aquellas que son capaces de conectar ideas, tomar decisiones y aportar soluciones, por lo que el asunto tampoco recae sobre el tema generacional, sino con la capacidad de reinventarse con una visión global.

A través del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la fundadora de Skills Agility Lab, Leticia Gasca, expone que en este asunto también toman relevancia temas sociales como el envejecimiento de la población (entra en juego la esperanza de vida y la demografía que llevará a replantear estructuras) y la migración (bien gestionada puede generar oportunidades tanto para los países de destino y de origen, como para los migrantes y sus familias), así como el cambio climático como factor ambiental (aparecen los llamados empelos verdes).

Si bien al aparacer algoritmos y desarrollos adecuados desaparecerán funciones (según el Foro Económico Mundial, las máquinas reemplazarán hasta 75 millones de trabajadores en 2022), también nacerán otras vacantes.

Ahí se descubre una bifurcación de rutas: una donde las ocupaciones medias se automatizan, obligando al colaborador a recurrir a labores más básicas y peor remuneradas; y otra vía donde se aprenden conocimientos para optar a otros empleos, mejor remunerados y de mayor prestigio.

Pero no todo es malas noticias: 133 millones de nuevos roles podrían surgir. El mercado de tecnologías, como la automatización de procesos robóticos y softwares para automatizar tareas manuales, es probable que alcance los $us 5.000 millones para 2024.

Para tomar en cuenta

El exdirector de Trabajo, Rajiv Echalar, adviritió que, en caso de haber cambios, las condiciones no deben ser alteradas unilateralmente por el empleador (debe haber consenso de acuerdo a lo pactado a contratos). Si la función es nueva es necesaria una capacitación previa del trabajador.