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IBCE, trabajando por una Bolivia digna, productiva, exportadora y soberana



Existen posiciones contradictorias sobre efectos medioambientales

  Publicado el: 25 de abril de 2018

La producción de etanol y biodiésel no conlleva necesariamente la ampliación de la frontera agrícola, sino aumentar la productividad de la superficie, tal como lo hizo Brasil, una vez que ingresó al club de los países que incursionaron en este campo –dijo Miguel Dabdoub– experto de nacionalidad boliviana, que trabaja en Brasil.

Sin embargo, el presidente de la Federación de Empresarios Privados de Santa Cruz, Luis Fernando Barbery, sostuvo, el pasado 8 de marzo, en Santa Cruz, que el proyecto privado de producción de etanol requerirá la ampliación de los cultivos de caña de azúcar en más de 320.000 hectáreas de las 145.000 existentes al presente.

De acuerdo con activistas medioambientales, la puesta en marcha del primer proyecto en el país para la producción de biocombustibles, apunta a ampliar la frontera agrícola e incursionar en grandes extensiones que serán sometidas a elevada deforestación.

DEFORESTACIÓN

Santa Cruz es la región que tiene los más altos índices de deforestación en Bolivia y si se aceleran estos proyectos, incluso podría ponerse en riesgo el futuro abastecimiento de agua.

Los empresarios han solicitado aumentar la frontera agrícola para incrementar la producción de soya, también plantearon al Gobierno la necesidad de contar con semillas modificadas para competir en el mercado internacional en los sectores de oleaginosas, caña de azúcar, algodón y maíz.

La apertura del Gobierno a la producción de biocombustibles abrió un debate a nivel nacional, según señalaron varios grupos de ambientalistas que ven riesgos emergentes de la deforestación.

Sin embargo, Dabdoub afirmó que se puede aumentar la productividad, producir más cantidad de alimentos. En el caso del etanol los cultivos podrían realizarse en misma área de superficie de cultivo, es cuestión de utilizar tecnologías. Santa Cruz destina a la plantación de caña alrededor de 145.000 hectáreas actualmente, según cifras del sector cañero.

El uso de la tierra está condicionado al manejo de acuerdo con la eficiencia de los modelos productivos de las tecnologías que aplican los productores, ya que en Brasil incrementaron su producción sin aumentar considerablemente su frontera agrícola, reflexionó Dabdoub.

Además aseguró que el uso de biocombustibles reduce la emisión de gases de efecto invernadero; y la rotación de cultivos también ayuda a la producción sostenible de alimentos y materia prima para el etanol. “Tenemos mucho por camino por andar”, afirmó.

INVERSIONES

En referencia al proyecto etanol el gerente General del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), Gary Rodríguez, sostuvo que los empresarios se comprometieron a invertir 1.000 millones de dólares para aumentar la producción de caña de azúcar; además ya se invirtió 5 millones de dólares en la producción de bioetanol a partir del sorgo. La primera planta de cinco entrará en operación en junio.

Asimismo señaló que se proyecta inversión de 600 millones de dólares de la agroindustria cruceña para ampliar la capacidad de los ingenios y de sus respectivas plantas de deshidratación de alcohol y los sistemas de almacenamiento.

Recordó que la incursión de Bolivia en los biocombustibles reducirá la subvención y erogaciones de recursos en la compra de combustibles fósiles, como el diésel.