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Incrementos salariales, el debate parcial e insuficiente - Ronald Nostas Ardaya

  Publicado el: 16 de abril de 2018

En el mes de abril de cada año, la agenda económica boliviana se concentra en la discusión sobre el índice del incremento al haber mensual y al salario mínimo.

Este debate concluye alrededor del 1 de mayo cuando se anuncia el porcentaje acordado con la COB, como una especie de homenaje al Día del Trabajador.

La naturalización de este procedimiento y su carga simbólica, han ocasionado que el país abandone el debate sobre una política laboral integral, que permita la creación y mantenimiento del empleo protegido y sostenible; un debate del que obviamente forme parte el tema salarial, pero que incluya otros aspectos no menos importantes, como el desempleo y el subempleo, la formalización de la economía, las condiciones de contratación y rescisión, la estabilidad de las empresas, entre otros.

Aún en condiciones de crecimiento importante de la economía, la ausencia de esta visión integral nos ha conducido a procesos de alta informalidad y precarización, en los que una minoría de trabajadores de determinados sectores, se beneficia de los incrementos salariales, pero la mayoría sufre las consecuencias de una mayor contracción del empleo protegido, producto de una menor disponibilidad de los pequeños y medianos empresarios a contratar nuevo personal o mantener sus planillas.

La situación se agrava aún más en condiciones como la actual, cuando los costos laborales resultan onerosos e insostenibles para las medianas y pequeñas empresas, la productividad disminuye, las perspectivas de crecimiento son inciertas y los emprendedores se enfrentan a escenarios de alta competitividad y mercados de consumo interno cada vez más cautos y afectados por el contrabando y la informalidad.

Un aspecto que está influyendo negativamente es que aún subsiste en algunos niveles dirigenciales la visión confrontacional entre los empleadores y los trabajadores, pese a que, en los hechos, esta ha sido superada y las tendencias actuales buscan generar mayores sinergias, diálogos y consensos, que apunten a fortalecer la productividad y asegurar las fuentes de trabajo, protegiendo los derechos de ambos. Precisamente ese enfoque oposicional ha eliminado el diálogo tripartito en el tema laboral y, por lo tanto, ha impedido que los análisis se alimenten con datos, reflexiones y experiencias que pudieron aportar a la toma de decisiones adecuadas y sostenibles.

Para el sector privado, la concentración del tema laboral únicamente en el salario está produciendo efectos nocivos porque, además del incremento insostenible de los costos, la informalización o el cierre de empresas crea barreras para la renovación y la innovación, perdiéndose el aporte que pueden ofrecer los jóvenes que recién ingresan al mercado laboral o los profesionales altamente calificados, que tienen cada vez menos posibilidades de acceder a trabajos estables y son absorbidos por un creciente mercado informal.

Siempre hemos considerado que el capital humano de una empresa es su mayor fortaleza, y precisamente por eso, creemos que las políticas laborales deben estar dirigidas a su protección; sin embargo, cuando se pierde de vista que, en el complejo laboral, todos los factores son interdependientes, y los excesivos e inconsistentes incrementos salariales, los desequilibrios en las normas de contratación y desvinculación y la oposición a escuchar a quienes sustentan la mayor parte del empleo, generan consecuencias negativas que finalmente sufren los grupos más vulnerables: los jóvenes, los menos calificados y los desempleados, entre los trabajadores; y las pequeñas y medianas empresas, en el sector privado.  Si esas orientaciones no cambian, en el mediano plazo el tema laboral entrará en una crisis tan grave como la que ahora vemos en la justicia o en la salud.